Moka Matutino
Mariano Otero sí es navegable
La televisión anuncia una fragancia con la interpretación de Beyond the Sea que inmortalizó Bobby Darin, mientras muestra a un próspero hombre maduro al mando de un lujoso yate. Con esa imagen, cualquier persona quisiera ser navegante. Sin embargo, las inundaciones de las semanas pasadas son dignas de que la gente se sienta como Popeye en su horrible barco camaronero. Hasta el mal olor viene incluido.
Entre el gallardo navegar del ostentoso barco del comercial televisivo y el conato de naufragio que el maese Magdiel y un servidor sufrimos, hay una diferencia brutal que no radica en que viajáramos en un Jetta. No, el río Mariano Otero es navegable, pero se requiere un diplomado en pangas y lanchas de motor fuera de borda para no morir en el intento. Por lo menos eso fue lo que concluimos luego de descubrir que los ataques del Kraken contra el capitán Jack Sparrow eran una vacilada en comparación con los remolinos de Mariano Otero y Las Rosas.
Pregunté al capitán del barco, mientras se calaba su gorra de
Cada vez que llega un huracán, ciclón, tormenta o llovizna mojatarugos, las calles de la zona metropolitana de Guadalajara se transforman en canales de una falsa Venecia, donde no hay gondoleros panzones, pero sí existen muchos usuarios de las vías acuáticas que sólo pueden transportarse en condiciones marineriles.
Mientras sacábamos nuestros remos, le recordé a Mag la leyenda urbana que dice que Tokio tiene un drenaje que separa agua de lluvia de la negra y que incluso permite recuperar metales del torrente de desperdicios. El timonel me soltó una mirada de reproche, mientras se sobaba la mano que le acababa de morder un marlin perdido (que ahora se dirigía a Plaza del Sol) y me dijo mohíno: “¿te parece que estamos en Tokio? ¡Mejor rema y no me distraigas!” Me encogí de hombros y no pude dejar de lamentar que sólo en época de tormentas nos tomamos la molestia de reflexionar sobre el mal estado de los desagües en la ciudad.
Finalmente, el desastre urbano que sufrimos no es culpa de un sólo partido o gobierno. La pregunta, obvia y necesaria, es si en esta ocasión vamos a pedir a los alcaldes entrantes que resuelvan el problema del mal drenaje… o esperaremos la siguiente inundación para quejarnos.
